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Ritmìa Ritmìa es un método innovador de aprendizaje y apreciación musical mediante sonidos y gestos conceptualizado por Sonia Simonazzi, una concertista de fagot italiana. Lee más.
Aunque
ciertamente no es un concepto nuevo en educación musical para
niños, varios métodos que asocian típicamente el
estímulo musical con el movimiento corporal se arriesgan a no
poner todo el énfasis debido en un aprendizaje musical efectivo.
Es más, mientras que facilitan la comprensión musical
y el desarrollo psico-físico del niño, estos
métodos tienden a proponer técnicas que sólo
consideran parcialmente el valor simbólico y relacional de los
movimientos del cuerpo desde el punto de vista del niño. El modo en que se
mueven los niños nunca es casual. Para ellos, los movimientos
adquieren un significado simbólico inmediato. Por ejemplo, andar
de puntillas con los brazos abiertos y andar a gatas se interpretan de
dos formas muy diferentes porque estos movimientos se asocian con
distintos sentimientos. Se estimulan sensaciones particulares
según las partes del cuerpo que un niño mueve o la
postura que adopta al jugar. Para comunicar sensaciones, un niño
depende de un conjunto de imágenes que le son familiares e
identifica esas imágenes con sus movimientos de un modo
parecido. Por ejemplo, correr como un león podría
expresar agresividad, mientras que flotar como una mariposa expresa
ligereza o agilidad. Los sonidos que
produce el niño espontáneamente mientras juega y se mueve
acentúan su identificación con cualquier cosa que
están representando. Respirar, hacer ruidos con la voz, el
sonido de sus movimientos y los sonidos creados por los objetos que se
mueven a su alrededor se convierten todos en extensiones de su cuerpo
en el espacio. Estos sonidos juntos (alto/suave al darse
rápida/lentamente en tono alto/bajo, etc.) inducen a estados
emocionales y, en consecuencia, a reacciones tónicas y
psicomotrices. Los niños
pueden aprender fácilmente que los distintos sonidos se asocian
directamente con las partes del cuerpo, un cierto tipo de movimiento
corporal o la manipulación de un objeto. Es más, los
sonidos están estrechamente conectados con ciertas
imágenes (animales, por ejemplo) que los niños pueden
imitar a través del movimiento de cara al 'interpretar' los
sonidos que oigan. En este punto, se
convierte en natural, por ejemplo, asociar el sonido de un tambor con
los movimientos de un elefante. Al experimentar con la relación
entre los sonidos y los movimientos del cuerpo, cada niño puede
hacer su propia asociación particular, invitando a otros a jugar
también y dirigiendo el juego o aceptando las propuestas de
otros niños. Esta interacción ayuda a reforzar la
expresión personal y la comunicación con otros. Los
sonidos se convierten en parte de un lenguaje común, no verbal,
que tiene el poder de estimular sentimientos, sensaciones y reacciones
particulares. Hacer
música y escucharla, de este modo, incluso a un nivel elemental,
ayuda a los niños a entender mejor el valor de la
comunicación artística. La música se convierte en
un medio por el cual cada individuo puede transmitir y expresar
emociones a través de su propia expresión creativa,
así como un estímulo para una reacción corporal
igualmente imaginativa. La suma de estas acciones crea una mayor
sensibilidad musical. Este enfoque, combinado con más nociones
convencionales de educación musical, como aprender la
notación, reconocer melodías y ritmos, tocar un
instrumento y hacer ejercicios de respiración, constituye un
método más profundo y completo para el aprendizaje de la
música. Más sobre Ritmìa en el sitio de Sonia Simonazzi
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